Primero, resulta vital la personalización, es decir, que más allá de la flexibilidad, que consiste en dar opciones, la educación del futuro se debe centrar en que esas opciones se adapten a las necesidades individuales de cada estudiante. También es clave el aprendizaje a lo largo de la vida. Educarse no será más un período definido de la vida que va de la primaria al posgrado, educarse será un proceso continuo sin fin previsible e integrado a la trayectoria individual de cada estudiante. El tercer elemento es la ampliación de los agentes educativos porque en el futuro, las instituciones educativas aprenderán cada vez más a incorporar otros actores en los procesos formativos: empresas, organizaciones, comunidades. Aprender en contextos reales, resolviendo problemas reales y con actores reales.