La historia y la evidencia reciente muestran que las sociedades que convierten el conocimiento en innovación logran mayores niveles de productividad, competitividad y calidad de vida. Colombia aún tiene varios desafíos.
Por Duglas Balbín V.
El año pasado, Joel Mokyr, Peter Howitt y Philippe Aghion recibieron el Premio Nobel de Economía por demostrar que el progreso tecnológico y la innovación son fundamentales para el crecimiento sostenido que se traduce en el mejoramiento de calidad de vida de las personas. Mokyr, a través de un análisis de historia económica, identificó las condiciones necesarias para lograr un crecimiento sostenido: conocimiento útil, productividad e instituciones propicias para el progreso tecnológico. Además, demostró que la innovación avanza de manera sostenida cuando ac ada descubrimiento sirve de base para otros nuevos. Sin embargo, para que eso ocurra es necesario entender por qué funciona.
Howitt y Aghion, por su parte, diseñaron un modelo matemático para explicar el concepto de la destrucción creativa, es decir, la manera como un producto nuevo entra al mercado y desplaza los anteriores. En otras palabras, mostraron cómo la innovación redefine la competencia, supera la obsolescencia y evita el estancamiento económico.
Precisamente, el vínculo entre conocimiento, innovación y crecimiento económico puesto en evidencia por los ganadores del Nobel lleva a Antonio Copete Villa, vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación de EAFIT, a plantear una pregunta: ¿en qué debería basarse el modelo económico de Colombia
Para él, la respuesta no es únicamente aumentar la inversión o destinar más recursos a la ciencia y la tecnología. También exige construir capacidades para conectar el conocimiento con los desafíos del país. Eso sí, recalca la necesidad de generar entendimiento sobre su importancia, su función y sus aportes, para concluir por qué debería ser prioritario, cuánta inversión requiere y qué se debe hacer.
Desde esta perspectiva, las sociedades que más innovan no son necesariamente las que cuentan con mayores recursos, sino aquellas que crean mecanismos para conectar el conocimiento con las necesidades. De ahí la importancia de fortalecer ecosistemas capaces de articular universidad, empresa, Estado y sociedad alrededor de desafíos compartidos.
La pregunta, entonces, es cómo se traduce esa visión en oportunidades concretas para el país. Para Copete, algunos sectores ofrecen condiciones especialmente favorables para demostrar el potencial de estos ecosistemas de innovación.
Sectores con buenas perspectivas
Para el vicerrector, el sector energético es uno de los que ofrece mejores perspectivas. Colombia, explica, es uno de los pocos países del mundo cuya matriz energética depende mayoritariamente de fuentes renovables. Por eso considera que el país tiene potencial para desarrollar un modelo energético sostenible.
De ahí que destaque iniciativas como Energy Valley, Centro Avanzado de Energía, impulsado por EAFIT y acompañado por la Universidad EIA, la Alcaldía de Medellín y aliados empresariales como Erco Energía, Celsia, Grupo EPM, ISA y Azimut. Más que una suma de instituciones, el proyecto busca articular capacidades complementarias e impulsar la investigación para acelerar la búsqueda de soluciones a los desafíos energéticos del país.
La realidad evidencia que la innovación no ocurre cuando cada actor trabaja por separado, sino cuando el conocimiento circula entre distintos sectores y encuentra espacios para convertirse en soluciones concretas.
De otra parte, está convencido de que a pesar de las dificultades del sector salud, hay muchas capacidades a las que Colombia no debe renunciar. Y recuerda que así lo confirman muchos ejercicios estratégicos que reconocen ese potencial y las oportunidades existentes en áreas como healthTech.
El mapa de posibilidades que surge cuando el conocimiento logra conectarse con los desafíos del país es mucho más amplio. El vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación de EAFIT invita a poner sobre la mesa los que denomina “sectores no obvios”. Entre esos, las ciencias del espacio.
“Puedo decir que, solamente por la ubicación geográfica de Colombia en el ecuador de la Tierra, hay una ventaja competitiva enorme que el país nunca ha explotado”, enfatiza y agrega que el mejor punto para enviar un cohete al espacio es el ecuador.
Antonio Copete VIlla
Vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación de EAFIT
A saltar barreras y acortar distancias
La distancia que separa a Colombia de los países líderes en innovación es el resultado de décadas de acumulación de políticas públicas, inversión y generación de conocimiento. Por eso, al país le urge reducir brechas históricas en productividad y competitividad.
La promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación debería ser una política de Estado de largo plazo. Antonio Copete defiende esa visión y considera que debe convertirse en una prioridad nacional: “Cuando hay una prioridad, puedo sumar instituciones alrededor de ella”.
A pesar de las barreras, su llamado es a no cruzarse de brazos, porque la historia ha demostrado los beneficios que la innovación genera no solo para las empresas, sino también para el crecimiento económico y el bienestar de los seres humanos.
Aunque suele pensarse que la iniciativa debe estar principalmente en las grandes organizaciones, Copete confía en que cada vez más pequeñas y medianas empresas logren destacarse. “A veces, la pequeña tiene la capacidad de identificar un dolor que la grande no ve porque tiene demasiada
inercia o no es lo suficientemente audaz para verlo”, argumenta y expresa su confianza en los emprendimientos de base científico-tecnológica, porque además de atraer firmas de venture capital, reciben transferencia de conocimiento y acompañamiento estratégico.
A saltar barreras y acortar distancias
La distancia que separa a Colombia de los países líderes en innovación es el resultado de décadas de acumulación de políticas públicas, inversión y generación de conocimiento. Por eso, al país le urge reducir brechas históricas en productividad y competitividad.
La promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación debería ser una política de Estado de largo plazo. Antonio Copete defiende esa visión y considera que debe convertirse en una prioridad nacional: “Cuando hay una prioridad, puedo sumar instituciones alrededor de ella”.
A pesar de las barreras, su llamado es a no cruzarse de brazos, porque la historia ha demostrado los beneficios que la innovación genera no solo para las empresas, sino también para el crecimiento económico y el bienestar de los seres humanos.
Aunque suele pensarse que la iniciativa debe estar principalmente en las grandes organizaciones, Copete confía en que cada vez más pequeñas y medianas empresas logren destacarse. “A veces, la pequeña tiene la capacidad de identificar un dolor que la grande no ve porque tiene demasiada
inercia o no es lo suficientemente audaz para verlo”, argumenta y expresa su confianza en los emprendimientos de base científico-tecnológica, porque además de atraer firmas de venture capital, reciben transferencia de conocimiento y acompañamiento estratégico.